Era por las tardes o por las noches, cuando había tiempo de sobra para descanzar,sus ojos se encontraban sus labios hacian un par. Se inventaban los números unosiete, unoocho, solo al azar, formaban pares, pares y tercias, buscaban en ellos relaciones y juegos, cosas nuevas que inventar. Eran números naturales hasta infinitos alcanzar. Nuevos números se inventaban sin importar si designaban cantidad.
Y al descubrir un número nuevo, de boca a boca, lo solian pasar, lo dibujaban con la mirada y luego lo hechaban a volar. Y los números se quedaban se acostumbraron a por ahi andar. Comenzaron a tener muchos, se quedaron casi sin lugar, para inventarse números nuevos, se comenzaron a multiplicar. Los agruparon en conjuntos, no había solución, sumas, restas, ecuaciones, al final una división. Unosiete, unoocho, se dejaron de inventar, sus labios ya no se unian, sus ojos dejaron el dibujar.
Y al descubrir un número nuevo, de boca a boca, lo solian pasar, lo dibujaban con la mirada y luego lo hechaban a volar. Y los números se quedaban se acostumbraron a por ahi andar. Comenzaron a tener muchos, se quedaron casi sin lugar, para inventarse números nuevos, se comenzaron a multiplicar. Los agruparon en conjuntos, no había solución, sumas, restas, ecuaciones, al final una división. Unosiete, unoocho, se dejaron de inventar, sus labios ya no se unian, sus ojos dejaron el dibujar.

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